¿A qué se debe el actual dominio de los lanzadores?

Luego del boom ofensivo de la década de los 90s y principios del nuevo milenio, hemos pasado a una etapa donde el juego parece estar dominado por el pitcheo. Muchos no han dudado en atribuir tal dominio a la implementación de políticas y sanciones establecidas en contra del uso de esteroides, dando a entender que el uso de los mismos fue la principal y quizás única causa de la explosión ofensiva de la pasada década. Si bien es cierto de que el uso de estas sustancias predominó la época en cuestión, no es menos cierto de que los bateadores no fueron los únicos en hacer uso de las mismas para fines de mejorar el rendimiento y ayudar a la recuperación de lesiones.

Es por esto que, sin la intención de entrar en controversias y especulaciones, obviaremos el uso de los esteroides para el propósito del presente artículo, no por el hecho de que queramos descartar su influencia en el auge ofensivo, sino más bien por el hecho de que entendemos es prudente hacer uso de estadísticas e informaciones concretas, y por el momento descartar ciertos hechos que hasta la fecha continúan siendo objeto de debate y análisis controvertidos.

Nuestra primera labor en este análisis es determinar si en realidad hay un dominio de los lanzadores o simplemente estamos regresando a un ambiente de carreras que podría considerarse normal para los niveles de talento y competencia existentes. Hacemos referencia sobre estos dos factores, primero porque ambos no son independientes y segundo por su demostrada incidencia en aumentos extremos en el carreraje, lo que podemos notar al analizar el historial de carreras por juego por temporadas desde el 1961:

Cabe recalcar que hemos decidido comenzar con la temporada del 1961, por el hecho de que las épocas anteriores fueron muy volátiles en cuanto al promedio de carreras anotadas, debido principalmente a hechos como la integración de la Liga Americana al beisbol organizado (1901-1919, era de la pelota muerta), a cambios en el tipo de pelota utilizada en cuanto al material y conformación de la misma (1920-1941, era de la pelota viva) y la paulatina integración racial en el beisbol (1942-1960), hechos que sin duda repercutieron en la forma cómo se desarrolló el juego y dando al traste con ambientes de carreras extremos.

Al sacar el promedio de carreras por equipos desde el 1961 obtenemos un promedio equivalente a 4.38 carreras por juego, total que se sitúa  ligeramente por encima del promedio de las últimas dos temporadas. Esto de cierta forma nos da a entender que la merma ofensiva no es tan extrema como algunos la describen, pero de igual forma no podemos obviar el hecho de que si ha existido una baja considerable en términos de carreras en los últimos 5 años, y cuyo origen ha sido atribuido por muchos al pitcheo. Si este en realidad es el caso, entonces el declive de los últimos años en ofensiva debe ineludiblemente venir acompañado por un aumento en los ponches, lo que cual podemos constatar en el siguiente cuadro:

Efectivamente, el cuadro anterior nos enseña un aumento constante de la cantidad de ponches otorgados por los lanzadores a partir del 2005,  lo que coincide con el pronunciado  descenso del promedio de bateo en este periodo. Es ineludible colegir que un aumento de los ponches debe producir cierto descenso en la cantidad de carreras anotadas, ya que los outs realizados por medio de pelotas puestas en juego sin dudas conllevan una menor deducción en cuanto a la valoración de carreras (tomando en cuenta que ambos eventos tienen un valor negativo). Ahora bien, los ponches no nos describen el panorama completo, por lo que es prudente analizar la cantidad de hits conectados durante el periodo:

Aquí podemos notar que la producción de imparables ha experimentado una baja constante desde la temporada del 2006, lo que sin dudas ha dado al traste a que el promedio de efectividad de la liga se sitúe por debajo de 4.00 por primera vez en casi dos décadas. De igual forma podemos notar que la producción de cuadrangulares ha descendido de manera considerable, lo que en conjunto con el aumento de los ponches nos puede indicar cierto dominio de los lanzadores, ya que ambas estadísticas son atribuibles al lanzador independiente de la labor de la defensa detrás de él. Pero aquí radica otro punto, y es el hecho de que la cantidad de hits también se ha visto reducida lo que puede implicar una mejora en la eficiencia de la defensa y/o contactos más débiles por parte de los bateadores.

Esto último lo podemos analizar a través de las estadísticas concernientes a la disciplina en el plato:

Si nos fijamos en el cuadro anterior, podemos notar que  el porcentaje de swings realizados fuera de la zona de strike ha aumentado de un 18.10% en el año 2002, a un 29.90% en el año 2012 , mientras que los swings dentro de la zona han descendido de un 70% a un 63.90% en el mismo periodo, manteniéndose todo este tiempo constante el porcentaje general de swings, pero ¿explica esto el hecho de por qué los bateadores se están ponchando con más frecuencia y haciendo menos contacto? Esto lo podemos averiguar a través de la localización de lanzamientos y su desenlace en la zona de strike:

Aquí nos encontramos con quizás la contradicción más grande en todo este análisis y es que a pesar de que el porcentaje de lanzamientos localizados en la zona de strike ha descendido en casi un 10% en la última década, lo que coincide con el aumento de swings fuera de la zona , el porcentaje de lanzamientos que los bateadores abanican y no logran conectar también ha bajado, lo que de cierta manera parece no tener lógica si lo relacionamos con el marcado aumento de ponches en los últimos años. Se supondría que un mayor dominio de lanzadores, en conjunto con el aumento de ponches, debería estar respaldado por más swings abanicando y este claramente no es el caso. Todo esto nos puede llevar a pensar que quizás el aumento de los ponches viene de la mano de más strikes cantados por parte de los umpires o de una mayor cantidad de ponches gracias a más fouls conectados producto de los débiles contactos que producen los swings fuera de la zona de strike. Obviamente esta tendencia de los bateadores a hacer más swings fuera de la zona debe tener alguna explicación, argumentando algunos que estos swings provienen del mayor uso de la recta cortada y otros a la inclinación de los jugadores a tratar de conectar más cuadrangulares. Pero si volvemos a la tabla anterior podemos notar cómo el porcentaje de primeros lanzamientos cantados como strikes ha aumentado durante la última década, lo que implica el hecho de que los jugadores están bateando cada vez más bajo conteos desfavorables.

Con esto no estamos argumentando que ha existido una expansión de la zona de strike, ya que no contamos con los datos para respaldar dicha aserción, pero no podemos obviar que un movimiento de un 10% en la tendencia de bateo de los jugadores con respecto a la zona, no puede ser una estadística a ser obviada. Es prudente pues esperar a un estudio más profundo que involucre el análisis de la zona, combinado con una apreciación en términos cuantitativos del contacto producido por los bateadores en pitcheos fuera de la zona, para dictaminar con certeza si estamos o no en una época de dominio de los lanzadores.

Estadísticas utilizadas provenientes de: www.fangraphs.com

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