Cómo entender el concepto de Jugador Reemplazo le puede ayudar a conseguir un mejor trabajo

Creo que de todas las frases que la gente suele publicar en las redes sociales la que siempre me lleva a reflexionar es aquella del físico teórico Richard Feynman que reza que “si no puedes explicar algo en términos simples es porque no lo entiendes”. Esta frase me llama la atención porque de alguna manera me recuerda a este blog y algunas de las cosas que llegué a escribir en él.

La acción de escribir con fines de educativos es muy parecida a la de ofrecer direcciones a un extraño en un barrio, en donde aquel que ha vivido en éste toda su vida,  siempre podrá ofrecer una descripción más rápida y segura de llegar a un destino que aquel que solo lo ha visitado unas cuantas veces, pero que cree que por el simple hecho de haber jugado unas cuantos manos de dominó en el colmadón de la esquina puede dar direcciones a cualquiera.

Hago esta introducción, porque de todos los artículos que he escrito en esta página, el referente a explicar el Jugador Reemplazo siempre me había dejado pensando en si el concepto se encontraba lo suficiente claro y si el mensaje había sido entendido por los destinatarios. Pero luego de recientemente volver a leerlos, me di cuenta que aunque la idea principal permitía a un lector paciente llegar a su destino, estaba ofreciendo vueltas en esquinas innecesarias y calles con nombres extraños, cuando muy bien podía acortar la ruta y solo decir “eso queda al frente de aquella casa verde” o “haz una izquierda donde Melo, el de las empanadas”.

Parte de vivir fuera del barrio fue explicar lo que era “Jugador Reemplazo” asumiendo que el concepto era exclusivo al béisbol. Pero luego de par de años de “coger fuete” en el ambiente laboral la noción de «reemplazo» comenzó a tornarse sumamente familiar, especialmente aquellos viernes cuando veía una llamada perdida de Recursos Humanos.

La razón de esto es que todos en nuestros trabajos somos jugadores, y estamos sujetos a ser reemplazados. El asunto es que como nuestra labor es un factor de producción, sustituirnos por otro factor de igual o mejor eficacia tiene un costo. En el béisbol dicho costo implica encontrar a alguien que juegue la misma posición, que tenga la capacidad de producir en un cierto nivel y que esté disponible para jugar inmediatamente en nuestro equipo (sea porque esté en ligas menores, en la banca, en waivers o sea agente libre). En nuestro ambiente laboral en cambio, esto se traduciría en buscar a alguien que tenga la misma profesión o destreza, que pueda realizar una labor eficiente que permita que la empresa genere beneficios, que trabaje en otra sucursal de la empresa o esté desempleado y que esté dispuesto a emplearse para la misma.

Si la persona a quien buscamos cuenta con las cualidades anteriormente mencionadas, y nos cuesta el salario mínimo requerido por el sector en que se desenvuelve la empresa, podríamos decir que esta persona es un “Trabajador de Nivel Reemplazo” por el hecho de que éste representa el precio mínimo posible que pagaríamos a los fines de mantener la función sustituida en marcha.

Pero, ¿que pasaría si esta persona no cuenta con una de estas cualidades mencionadas anteriormente? La respuesta corta es que su labor representaría una pérdida para la empresa ya que su productividad no estaría a la par con las expectativas de beneficios de la misma. Esto puede significar que existan casos donde la labor de dicha persona, aun no cumpliendo con las expectativas de la empresa, deje rendimientos positivos, pero en este caso esta persona también estaría por debajo del nivel reemplazo ya que la empresa puede optar por otra con las mismas condiciones y que realice la misma labor apegada a las expectativas.

Pero, ¿y qué pasa si la persona con dichas cualidades no aparece en el mercado? En una situación como ésta se puede asumir que el costo de un Trabajador de Nivel Reemplazo ha aumentado, y aunque existan regulaciones que permitan pagar un salario menor, el precio por el cual conseguiremos dicho trabajador será superior a éste. Por otro lado cabe preguntarse, qué pasaría si la persona cuenta con las cualidades requeridas, y costándonos solo el salario mínimo, produce por encima de las expectativas de la empresa. En este caso, el empresario tendría un excedente o superávit, el cual disfrutará hasta que el trabajador se de cuenta de su verdadero valor en el mercado  y pase a renegociar el contrato o a renunciar en búsqueda de alguna otra empresa que le pague su justo valor.

Otra pregunta que suele surgir cuando se habla de Nivel Reemplazo es  la de por qué no se prefiere más bien utilizar un “Nivel Promedio” y así medir la productividad en base a un factor “común medio” de entre los empleados del sector donde se desenvuelve la empresa. Esta preferencia se debe a aquella ley que su profesor de primaria le recordaba cuando usted entregaba su tarea en quinto grado con tres manchas de salsa de tomate y con la menor cantidad de palabras posibles; hablamos de la Ley del Menor Esfuerzo. En términos sencillos, se hace más fácil medir el Nivel Reemplazo que medir el Nivel Promedio.

Lo anterior se debe a que el Nivel Reemplazo depende de la cantidad de personas disponibles para realizar alguna labor por un precio mínimo y por lo tanto se hace más fácil determinar la oferta y demanda de estos trabajadores, que tener que salir empresa por empresa a determinar la valoración media de cada trabajador. También está la situación de que un valor «promedio» puede verse distorsionado por los valores atípicos, como lo sería un trabajador que sea desproporcionadamente efectivo o uno que sea extremadamente vago. Básicamente, aunque ambos son niveles que dependen de un dinamismo, uno es mucho más fácil de medir que otro.

Por último, nos quedaría explicar un término sobre el cual he hecho mención unas cuantas veces y que culmina de cerrar el ciclo del Nivel Reemplazo. Me refiero a las expectativas que tiene el empleador de la eficacia mínima esperada y de su correspondiente retorno. La explicación más básica de esto es que el capital utilizado por un empresario en el empleo de un factor de producción, siempre debe otorgar un retorno por encima de la inversión más segura del mercado. Esto quiere decir que si a usted le contratan para buscar limones y hacer con éstos limonada, pero dicha labor no deja un retorno mayor que el de emplear el monto de su salario en invertir en los bonos del tesoro de los Estados Unidos, entonces el empresario estaría incurriendo en una pérdida de seguir pagándole cuando podría sacar más beneficios por otro lado. Traduciendo esto al béisbol, esto sería como mantener a Rougned Odor en una alineación a pesar de haber jugado por debajo del Nivel Reemplazo toda una temporada, teniendo algún sustituto capaz de proveer mejores números.

A manera de conclusión, y a fines de cumplir con el título de esta entrada, le sugiero ahora que piense que pasaría si mañana usted amenazara con renunciar a su trabajo. ¿Le dejarían ir sin mayores consecuencias, o piensa usted que le costaría tiempo o dinero conseguir a su empleador un sustituto? O más bien ¿cree usted que es un Mike Trout y que sustituirlo sería imposible? Un ejercicio como éste no solo le ayudará a entender mejor el concepto de Jugador Reemplazo, pero también le dejará saber si necesita hacer cambios en sus destrezas y habilidades para mantener su trabajo o cambiar del mismo.

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